
05
1.
A modo de reflexión: las vacaciones de verano. (ver)
2. Práctica de meditación:
tomando consciencia de uno mismo. (ver)
3. Transforma la mente. Por Swami Satyananda. (ver)
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1. A modo de reflexión: las vacaciones de verano.
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A menudo las vacaciones de verano son el momento más esperado y deseado de todo el año. A menudo también, las vacaciones se convierten en foco de nuevas tensiones y frustraciones diversas. Supongo que de la experiencia surge el comentario cada vez más escuchado, “necesitamos unas vacaciones de las vacaciones.” Si ya durante el año el estrés, el agobio, las colas, el tráfico, la carretera, los niños, la organización, los planes, las deudas, etc, son preocupaciones constantes en nuestro día a día, tal parece que todos estos elementos, tan acostumbrados a ser ingredientes de nuestras vidas, se resistiesen a quedarse sin vacaciones y se nos cuelan en el paquete. |
Hay que reconocer que muy pocos dominan el arte de saber qué hacer o, mejor dicho, qué no hacer con su tiempo libre.
Cierto es que el tiempo libre se ha convertido en una oportunidad de lujo, al alcance de muy pocos que deseen disponer de él en periodos más extendidos de lo habitual; no hay que olvidar que hay quienes disponen de abundante tiempo libre y son presas del aburrimiento y la monotonía. Por supuesto, que cada cual es libre de hacer con su tiempo lo que más le plazca, lo que sorprende es la sensación de frustración y ansiedad que muchas veces nos queda tras haber tenido la oportunidad de disfrutar de un tiempo para nosotros. Para que nuestro tiempo libre se convierta en un factor positivo y reparador, y que nos aporte una sensación de satisfacción personal, hemos de ser muy conscientes de qué es lo que verdaderamente necesitamos. Lo lamentable es que, paradójicamente, el tiempo libre se ha convertido en un elemento de consumo y dejamos que sean otros los que decidan por nosotros cómo disponer de éste o bien nos sentimos presionados a “llenar” este tiempo tan preciado acudiendo a los destinos más de moda, a los aeropuertos más abarrotados, a los restaurantes más indigestos, a las carreteras más mortales, a las playas más atiborradas, y un largo sin fin. Esto la mayoría. Luego hay grupos más selectos que se ocupan de personalizar un poco más sus periodos de descanso; escogen destinos más singulares, evitan (hasta donde es humanamente posible) las aglomeraciones, seleccionan otros periodos del año para desplazarse, administran su tiempo más exquisitamente…. Y sin embargo, o bien no logran desconectar mentalmente del trabajo y las preocupaciones, o este tiempo de descanso es tan sólo un paréntesis en medio de una vida que no es, esencialmente, la que quisieran llevar. La vuelta al trabajo se convierte en un momento a veces angustioso, angustia provocada por la posibilidad de haber vislumbrado otra realidad durante unos días. Sucede también que con el poco tiempo libre del que podemos gozar uno no puede hacer todo cuanto desearía: descansar, compartir tiempo con amigos, viajar, quedarse en casa de otra manera… así escoger una o dos de las alternativas, siempre conlleva privarnos de otras. Ello nos obliga a ser aún más cuidadosos a la hora de prioritizar lo que queremos hacer. La gran tragedia es que si en nuestro día a día pudiésemos disfrutar de mayor tiempo para nosotros mismos, para nuestra familia, para nuestros amigos, los períodos vacacionales se presentarían de manera distinta.
Nuestros días están tan sumamente saturados de responsabilidades y obligaciones que resulta difícil en medio de este devenir comprender qué sentido tiene todo ello en nuestra vida o hacia dónde nos lleva realmente nuestra forma de vivir. La brecha entre lo que verdaderamente buscamos o necesitamos y cómo vivimos nuestras vidas cada vez se hace más grande; a veces, hasta el grado de estar tan identificados con lo que hacemos (más que con lo que somos), que nos resulta casi imposible saber qué es lo que verdaderamente deseamos. Sucede que, al disponer de tan poco tiempo libre en nuestra vida diaria, creamos toda una serie de expectativas que esperamos realizar durante nuestras vacaciones. Expectativas que en su mayoría no cumplimos. Como si en las vacaciones pudiésemos de pronto vivir de manera distinta a como generalmente lo hacemos. O como si durante las vacaciones pudiésemos transformarnos en seres diferentes a los que somos el resto del año. Hay quienes también vislumbran el tiempo libre como periodos permisivos en los que es posible cometer todo tipo de excesos, y al terminar sus vacaciones vuelven a la vida normal con una lista de propósitos y promesas que también, en muy pocos casos, duran lo suficiente como para erigirse en hábitos. La realidad es que las vacaciones pueden, como mucho, acentuar ciertas cualidades o ciertos defectos de nuestra personalidad y, rara vez, nos transforman en lo esencial.
Creo firmemente que todas las personas deberían dedicarse a aquello que verdaderamente aman y que a la vez les permita desarrollarse plenamente como seres humanos. De esta manera, no existiría una escisión entre nuestro trabajo y nuestra vida privada, o entre nuestros periodos laborales y nuestro tiempo de ocio, ni tampoco entre nuestro estilo de vida durante la semana y nuestros hábitos y costumbres los fines de semana. Así, sencillamente nuestro trabajo sería una expresión de nuestra vida personal y ambos se complementarían más que enfrentarse. Entiendo que no es fácil encontrar este equilibrio, más aún en una sociedad que no promueve este encuentro o, que más bien, no facilita el camino para que tal descubrimiento se produzca. De cualquier manera, todo descubrimiento es algo que no surge de pronto de la nada sino que es siempre el resultado de un proceso de maduración que se ha ido produciendo a lo largo del tiempo. Ya decía Swami Sivananda que somos lo que pensamos. Nuestra búsqueda comienza con las ideas que alimentamos en nuestra mente. Puede que éstas tarden más o menos en materializarse pero finalmente siempre lo hacen; las ideas que impulsan nuestro desarrollo y también las ideas que lo ralentizan.
Decía líneas atrás que para disfrutar verdaderamente de nuestro tiempo libre hemos de ser muy conscientes de aquello que necesitamos. Para ello, primeramente hemos de someter nuestra vida privada a un proceso de revisión; comprendiendo nuestras necesidades, aprendiendo a prioritizar, encontrado nuestros tiempos de soledad, de disfrute, sorteando las tensiones, atreviéndose a cambiar cuando el alma lo pida, aceptando lo que ha de permanecer como es o como está.
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Cada vez son más las personas que buscan pasar su tiempo libre de otra manera; procurando que este tiempo de ocio pueda ser también un tiempo para aprender, para explorar con más profundidad y dedicación aquello que otorga sentido a sus vidas; para hacer balance, para disfrutar sin por ello tener que abusar de nuestro cuerpo y mente o de nuestro entorno. De este deseo surge el concepto de las vacaciones inteligentes o vacaciones sanas, como contrapunto a ese otro tipo de vacaciones que deja tan sólo una sensación de vacío o de haber malgastado una oportunidad preciosa para descansar cuerpo, mente y espíritu. |
Dentro del contexto del yoga existen distintas posibilidades: casas rurales que entre sus actividades ofrecen la práctica del yoga, retiros de fin de semana, seminarios de una semana o hasta de un mes en entornos naturales, incluso la oportunidad de pasar un tiempo en un ashram, término que aunque generalmente se traduce como templo o monasterio, en realidad no expresa la verdadera dimensión de lo que significa. Un ashram es un lugar que nos ofrece la posibilidad de experimentar una vida simple en un entorno agradable y armónico, donde se dan las condiciones necesarias para poder desarrollar una actitud positiva y la oportunidad de cambiar nuestra perspectiva de cada día.
No obstante, quisiera terminar este artículo, insistiendo en la idea de que los cambios hay que irlos incorporando y adaptando en la vida diaria, y que los periodos de tiempo libre nos ofrecen la oportunidad de reforzar los hábitos adquiridos o de profundizar en ciertos aspectos de nuestra vida; pero que no hay que olvidar que, finalmente, es el día a día lo que define nuestra vida y le otorga su sentido.
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2. Práctica de meditación:
tomando consciencia de uno mismo.
Siéntate cómodamente en un lugar tranquilo donde nadie te moleste. Cierra los ojos y sencillamente piensa en ti.
No formules ninguna pregunta directa sobre ti, ni intentes juzgarte ni describirte de ninguna manera. Tan sólo concéntrate en ser tú y en lo que experimentas en este momento. Sé consciente de lo que sientes, ya sean pensamientos, emociones, sensaciones corporales, sonidos, lo que sea. Lo que estás haciendo es tomar consciencia de lo que significa ser “yo.” No intentes aferrarte a nada de lo que este “yo” está experimentando. Simplemente observa lo que ocurre, tomando distancia si puedes.
Continúa con este ejercicio durante unos minutos, hasta que sientas que has logrado aprender algo; entonces abre los ojos.
* * *
¿Qué es lo que has aprendido?
No te preocupes si te resulta difícil traducirlo en palabras.
Quizá ha sido simplemente la experiencia de ser consciente de ti mismo como un ser vivo, con sensaciones corporales y con un hilo de pensamientos pasándote por la cabeza.
Quizá te has dado cuenta del poco control que en realidad tienes sobre tus pensamientos en este momento.
Quizá te has dado cuenta de que tus pensamientos parecen surgir de algún lugar profundo y desconocido dentro de ti, y que no tienes idea de dónde vienen o de cómo se forman.
Quizá has reconocido que en medio de todos estos pensamientos y emociones y sensaciones corporales, resulta muy difícil saber dónde está (y quién y qué) este “yo” realmente es.
Quizá hayas reconocido que la vida – y el estar vivo- es un asunto muy misterioso, y que normalmente damos por hecho, pero que en momentos como este reconocemos como impenetrablemente extraño.
Quizá lo que has sentido es algo totalmente personal, y no se corresponde con nada de esto.
No importa. Lo importante es que esta práctica pueda ser el comienzo de un viaje interior, un viaje que no nos lleva a otro país sino a un lugar donde ya estamos y siempre hemos estado, y que nos ayude, tal como dijo el poeta T.S. Eliot “a conocerlo por vez primera.”
Carl Jung, el gran psicólogo suizo, dijo una vez que no sabemos donde termina la mente; y tenía razón. La meditación nos ayuda a explorar parte de esa desconocida inmensidad dentro de nosotros.
Tomado y traducido del libro Meditation por David Fontana
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3. Transforma la mente. Por Swami Satyananda.
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Hay una cosa sencilla que todos en este mundo deberían saber: ‘el hombre es mucho más de lo que aparenta ser.’ En cada ser humano existe un estado de consciencia, una dimensión de la personalidad que es viable, poderosa, creativa y que está más allá del dolor. Hemos vivido en el cuerpo, y continuamos viviendo en el cuerpo; esta es la tragedia de nuestra vida. Tenemos una mente y no lo sabemos. Tenemos una cobra en nuestro bolsillo, tenemos una bomba a punto de explotar, tenemos los tesoros de los tres mundos bajo nosotros, y no lo sabemos. |
El yoga es un sistema científico a través del cual es posible transformar nuestro estado de consciencia. La misma mente que sufre el dolor es igualmente capaz de experimentar el placer. La felicidad y la miseria son ambas expresiones de la misma mente humana en diferentes estados. Por tanto, en lugar de luchar contra el dolor, en lugar de dar golpes en la oscuridad, ¿por qué no buscar la luz? A menos que seas capaz de controlar la mente, jamás podrás controlar los asuntos de la vida.
Los rishis de la India comprendieron la relación entre la mente y la vida. La vida influye en la mente y la mente influye en la vida. Por supuesto que no puedes controlar la vida; sencillamente no es posible. Pero con la ayuda del yoga y de la meditación, puedes controlar la mente. Si eres capaz de ejercer control sobre tu mente, entonces eres un yogui.
Swami Satyananda
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04
1. Sobre la belleza: pensamientos de Vanda Scaravelli. (ver)
2. Cazar Fantasmas: la experiencia de enseñar yoga. (ver)
3. Preguntas y Respuestas: Yoga y creatividad. (ver)
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1. Sobre la belleza.
Vanda Scaravelli*
No existe belleza sin amor y no existe el amor sin la belleza.
¿Qué es la belleza? ¿Están interconectados el amor y la belleza? ¿Deriva la belleza del amor? ¿O es el amor lo que deriva de la belleza?
Descubrirás la asombrosa transformación que sucede en una persona cuando es amada; cómo florece, tornándose más hermosa cada día.
Cuando amamos lo que hacemos, existe belleza en ello e incluso la tarea más insignificante se vuelve atractiva.
El amor no tiene barreras, es como un manantial en donde el agua fluye continuamente. Y es quizá esta ausencia de límites lo que le da alas para volar.
La belleza es la ausencia de una acción definida y determinada, la libertad de la esclavitud de un ideal formado de antemano que nos conduce en una dirección en particular, eliminando todas las demás posibilidades de perdernos en aventurados y, a veces, peligrosos senderos. La belleza nos da además el placer de descubrir y el lujo de perder.
¿Está la belleza misteriosamente escondida tras el sentimiento de lo desconocido? Descubrir, encontrar, dejar atrás… es fascinante. ¿Existe algo más atractivo en la vida que hacer posible lo imposible?
“…Cuando alguien busca” dijo Siddhartha, “sucede con bastante facilidad que sólo se ve aquello que se está buscando; que somos incapaces de encontrar algo, incapaces de absorber algo, porque sólo pensamos en aquello que buscamos, porque tenemos una meta, porque estamos obsesionados con nuestra meta. Buscar significa: tener una meta; pero encontrar significa: ser libre, ser receptivo, no tener metas. Oh tu, digno ser, eres quizá ciertamente un buscador, ya que en la lucha hacia tu meta, dejas de ver muchas cosas que están bajo tus propias narices.” (Hermann Hesse, “Siddhastha”)
La belleza es relativa. Nuestro sentido de la belleza está condicionado por nuestro gusto. Podemos rebelarnos contra el gusto del ambiente que nos ha influido en nuestra infancia, o podemos aceptarlo y apoyarnos en él.
Nosotros en Occidente podemos simplemente disfrutar de un jarrón de flores mientras que para los japoneses puede parecer falso, ya que tienen una tradición especial en arreglos florales. Sus jardines son muy distintos de los nuestros. Éstos responden a una arquitectura particular, cuyo encanto nosotros pasamos por alto. El mismo principio puede aplicarse a una pintura que puede parecer hermosa para una persona y no ser del agrado de otra, sencillamente porque hay un desarrollo distinto.
Los edificios y pinturas de Miguel Ángel no pueden ser entendidos profunda y completamente por todo el mundo. Cada uno miramos desde nuestro bagaje, por lo tanto la belleza no responde a un modelo definido y absoluto. Es el resultado de nuestro condicionamiento.
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©”Awakening the Spine” Vanda Scaravelli |
En algunos deportes sólo se desarrolla una parte del cuerpo; por ejemplo, el brazo en el tenis, las piernas en el fútbol, la torsión de la cadera en el golf, en el que un sólo lado del cuerpo se extiende a lo largo de la pierna y del brazo. Este esfuerzo desequilibra la estructura de nuestros huesos y crea desarmonía en nuestros movimientos.
Un músico acomodará sus brazos, manos y dedos de acuerdo al instrumento que toca, haciendo que sólo esa parte de su cuerpo se torne sensible y despierta. Pero en el yoga el ajuste físico que realizamos en la postura es total. Interpretamos con todo nuestro cuerpo. Existe unidad en los diferentes miembros de nuestro cuerpo, en donde todas las partes trabajan juntas a un mismo tiempo. He aquí la belleza de ello.
Es evidente que un niño aprenderá una pieza musical más rápido si existe melodía, más que en un ejercicio en donde sólo se requiera técnica. Por lo tanto la belleza viene primero.
De la misma manera, el yoga será aceptado por el cuerpo si se hace sin resistencia. La curvatura a lo largo de la columna es como la melodía en música. Cuando el hermoso fluir de la extensión está en acción, está ondulación (sentida por la mágica fuerza de gravedad), ayudará al cuerpo a encontrar el ajuste perfecto en la realización de los numerosos movimientos.
Existe también una gran belleza en seguir, mientras respiramos, la expansión de los pulmones, tan delicada y, al mismo tiempo, tan poderosa; llevando vida a todos nosotros.
Leonardo da Vinci pensó que en un futuro sería recordado por sus inventos; todas las máquinas que diseñó, el acueducto que construyó cuando estaba en Milán, las investigaciones que realizó en la campo anatómico, estudiando y dibujando con tanta precisión las distintas partes del cuerpo humano, sus intentos por volar, y todo lo demás. En su lugar, debe la mayor parte de su gloria a los pocos cuadros que pintó y se hizo famoso por la gran “belleza” plasmada en ellos.
La belleza no está tan sólo en el espectacular brillo de una puesta de sol, en el delicioso rostro de un niño, en la increíble estructura de una flor, en la alegría de los colores brillantes, en la forma de una escultura, en las palabras de un poema, en la voz de una canción, en las notas de una sinfonía. Existe también belleza en el reconocimiento y expresión de un sentimiento, en el proceso lógico del pensamiento, en el descubrimiento de una verdad, en el logro de la armonía, en el asombro que emerge al observar la perfección con la que un árbol o una planta crecen. En la ausencia de miedo (no en la valentía, siendo la valentía lo contrario al miedo, por lo tanto una reacción), en la ausencia de ruido (fuera y dentro de nosotros), en la violencia del viento, o en la furia de una tormenta.
La belleza nos trae de vuelta a ese estado de vulnerabilidad, inocencia y abandono en el que, como un niño, somos tomados de la mano para descubrir el reino de las mil maravillas, poniéndonos así en contacto con la Naturaleza, en donde el milagro de la existencia es renovado cada día.
Necesitamos belleza a nuestro alrededor. La belleza es como un perfume impalpable y aún así tan penetrante. La belleza es la esencia de la vida. Los sentimientos que despierta impulsan al artista a crear, abre el corazón al amor, lleva al intelecto a clarificar, invita a la mente a comprender y hace que el cuerpo participe.
Encontrarás tu ser en la Belleza, inesperadamente absorbido por la Belleza. 
* Vanda Scaravelli fue una prestigiosa profesora de yoga, además de una reconocida concertista de piano. Educada en un ambiente artístico e intelectual, Vanda Scaravelli conoció el yoga cuando contaba con más de cuarenta años. Discípula de B.K.S. Iyengar y de Krishnamurti, practicó y enseñó yoga hasta los 91 años de edad. Las enseñanzas de Vanda Scaravelli se centran en el despertar de la columna vertebral, recuperando su libre movimiento a través de la respiración y la gravedad. Este artículo ha sido extraído y traducido de su libro, “Awakening the Spine”.
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2. Cazar fantasmas
Por Carlos F. Benavides
Enseñar yoga puede tener multitud de satisfacciones propias y ajenas. Trabajo con grupos de jóvenes, adultos y de la tercera edad desde hace años. Su disposición corporal por ello varia enormemente, aunque debo añadir que, a menudo, personas de mayor edad se encuentran físicamente mejor que gente joven que ya tiene problemas de columna vertebral y de una gran rigidez muscular. Pero hay algo en lo que extrañamente coinciden, y esto es, en la dificultad para relajarse; pues todos estamos llenos de tics nerviosos, dolores físicos y, muy especialmente, una mente sobrecargada y sobre estimulada, a base de tener que cazar fantasmas, fantasías y modelos ya estipulados. Es precisamente en esta área donde el Yoga logra su primera victoria.
Cuando al final de la clase y después del trabajo físico, respiratorio y mental que se ha ido practicando llega la relajación final, puedo degustar en los cuerpos quietos , en las manos y pies sin tics, la satisfacción de ver cómo el cuerpo y la mente están más tranquilos, menos alborotados y tensos , y comprendo lo que el Yoga y todas las grandes tradiciones filosóficas y espirituales nos tratan de enseñar , de hacer recordar: que la relajación es parte de nuestra naturaleza y es un derecho de nacimiento sentir calma y paz mental, y que si no lo sentimos es porque algo en nuestra forma de vivir esta errado , algo estamos dejando en el camino.
Yo sé claramente que esta calma dura lo que dura la relajación y que inmediatamente después volverán las palabras y la personalidad volverá a tomar el gobierno de nuestra casa-mente. Pero el camino, una dirección queda marcada y poco a poco nuestro continuo paso por esta experiencia nos dejará una huella, un espacio, un olor, un rastro al que tarde o temprano añoraremos como una vuelta a casa.
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©”Awakening the Spine” Vanda Scaravelli |
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3. PREGUNTAS Y RESPUESTAS
En cierto modo, no termino de ver que el yoga incluya o abarque el aspecto creativo y artístico. Considero que tanto el yoga, como el arte y la creatividad forman parte del camino hacia el bienestar y la realización del ser. ¿Cómo podrían darse la mano el yoga y la creatividad?
Paula Vives
Como bien sabes el yoga es una ciencia que abarca cuerpo-emoción-mente y cualquiera de estas partes es una disciplina infinita en sus posibilidades de exploración desde un prisma científico. Nuestra creatividad dependerá de lo que conocemos-comprendemos o necesitemos de cada una de ella. Cualquier arte y creencia se sirve de técnicas que son el vehículo de nuestro objetivo.
Por ello me atrevo a afirma que el Yoga es universal en su riqueza y que es aplicable a cualquier área cognitiva o creativa que necesitemos desarrollar.
Carlos F.Benavides
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©Centro Sivananda Yoga Vedanta |
”Cómo practicar la meditación” Centro Sivananda Yoga Vedanta
La esencia del roble está latente dentro de la belleza – la energía oculta contiene el potencial de todas las formas.
La finalidad del yoga es el despertar de nuestro potencial humano. En este sentido, hemos de considerar las prácticas del yoga como herramientas que nos ayudan al desarrollo óptimo de nuestra personalidad, desde los aspectos más burdos a los aspectos más sutiles de nuestra persona. Este proceso de refinamiento de la personalidad que se busca en la práctica del yoga pasa por distintos estados. El primero de ellos aparece cuando aprendemos a relajarnos. El segundo estado comprende el desarrollo de la atención y la capacidad para observar todo cuanto acontece. El tercer estado se alcanza cuando se logran concentrar las energías dispersas de nuestra mente y personalidad. El cuarto es la realización de las facultades latentes de nuestra personalidad humana. El quinto estado consiste en utilizar dicho potencial para mejorar nuestra vida.
Desde la perspectiva del Raja Yoga, el yoga mental, existe un paralelismo entre estos cinco estados y los ocho miembros que el sabio Patanjali expone en los “Yoga Sutras.” A través de la práctica de estos ocho pasos se logran armonizar las distintas dimensiones que comprende la naturaleza humana; la dimensión física, afectiva, mental y psíquica. La práctica de yama y niyama (códigos de conducta personal y social), regula el comportamiento humano y nuestra interacción en sociedad. A través de la práctica de asanas (posturas físicas), y de pranayama (control de la respiración), aprendemos a equilibrar las distintas energías del cuerpo. Con la práctica de pratyahara (abstracción de los sentidos), y dharana (concentración), aprendemos a controlar la dispersión mental. En el estado de dhyana (meditación), y de samadhi (realización), hemos logrado equilibrar los aspectos psíquicos de nuestra personalidad.
Este proceso de depuración de nuestra personalidad y armonización de nuestras energías internas hace posible la manifestación de nuestro potencial humano. Y ello no es más que la expresión de nuestro potencial creativo. El concepto de creatividad puede ser muy amplio, pero tal como el yoga lo entiende, la creatividad es el equilibrio que existe entre acción, idea e intención. La práctica de las distintas técnicas del yoga busca armonizar estas tres áreas. Incluso podría afirmarse que la disciplina del yoga inicialmente tiene como objetivo el desarrollo de la creatividad humana. La transformación que nuestra personalidad experimenta en la búsqueda del equilibrio resulta en un despliegue de nuestra creatividad de acuerdo al nivel de consciencia alcanzado. En otras palabras, el desarrollo de nuestro nivel de consciencia siempre conlleva la expresión de una cualidad específica de nuestra creatividad. Es así cómo lo contempla el Kundalini Yoga, el yoga de la energía, en donde los diferentes niveles de experiencia de la personalidad humana son descritos en forma de chakras. El despertar de cada chakra lleva consigo la manifestación de cierta forma de energía, del despliegue de cierto potencial creativo. Conviene aclarar, no obstante, que la definición de creatividad en el yoga tiene más que ver con un proceso de autodescubrimiento, en donde el individuo es capaz de afinar su mente hasta llegar a comprender la realidad en su totalidad, trascendiendo toda apariencia. La verdadera creatividad no consiste en la proyección de nuestra mente individual, casi siempre fluctuante y dispersa, sino en la aprehensión de la realidad última.
Por eso es por lo que líneas atrás afirmábamos que el sistema del yoga tenía como objetivo el desarrollo de la creatividad humana, la cual se manifiesta en el estado meditativo. Es decir, una vez que la atención se afina hasta el punto en que las energías dispersas de la mente quedan concentradas, es posible acceder al conocimiento intuitivo, lo que nos lleva a descubrir, explorar y finalmente realizar nuestro potencial. Para el desarrollo profundo de cualquier tipo de creatividad es necesario haber controlado y comprendido nuestra mente. De aquí que la creatividad se entienda como una expresión de armonía entre nuestras ideas y nuestras acciones. Si fuésemos seres felices, seres satisfechos y completos nuestra forma de vivir sería una expresión continua y espontánea de nuestra creatividad.
A través del trabajo interior y de la meditación, el yoga nos ofrece la posibilidad de descubrir nuestro caudal creativo y también de expresarlo. Todas las prácticas del yoga tienen como finalidad la expresión de nuestro ser y tienen que ver directamente con nuestra capacidad de ser. Prácticas como la repetición de un mantra, el trabajo con mandalas y yantras, tratak, el yoga nidra, etc., además de las prácticas del hatha yoga, nos ayudan a que la mente se aquiete, a que la atención se fije, y finalmente, a tornarnos más sensibles y receptivos. Cuando se ha llegado a tal grado de depuración mental, es posible entonces alterar nuestros estados de consciencia normal y acceder al conocimiento intuitivo, el cual nos proporciona una información más objetiva y clara de quiénes somos y de nuestras circunstancias.
Las posibilidades que el yoga ofrece para experimentar y expresar nuestra creatividad son infinitas. Es tarea de cada uno ir encontrando las formas y cauces por los que esta creatividad ha de manifestarse. Para ello, además de una actitud relajada y una mente afinada, es necesario el cultivo de la paciencia. Las técnicas que el yoga nos ofrece son numerosas. No obstante, es importante y aconsejable que en nuestra labor de búsqueda personal, aprendamos a trabajar con una técnica en concreto y a profundizar en ella durante un tiempo considerable antes de experimentar con otra distinta. Incluso la repetición continua de una asana o postura yóguica, nos proporciona en cada ocasión una información distinta sobre nosotros mismos y, en la medida en que profundizamos en la postura, descubrimos aspectos más sutiles de nuestro ser. Y es que generalmente consideramos a la postura desde nuestra perspectiva; es decir, existe una consciencia clara de que somos nosotros los que hacemos la postura y, rara vez, pensamos y sentimos que también la postura nos hace a nosotros, nos modifica, nos expande, nos libera, nos provoca, nos revela…
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©”Cómo practicar la meditación”
Centro Sivananda Yoga Vedanta |
Un Shiva yantra realizado en arena de colores. El yantra se utiliza en las prácticas de concentración-meditación y su finalidad es el despertar de la mente.
Me gustaría terminar este intento de respuesta, recordando lo que escultor Miguel Ángel afirmaba, “En realidad, yo no esculpo nada sino que me limito a eliminar todo lo que sobra en la piedra para revelar la imagen que ésta esconde.”
Para que la verdadera creatividad emerja, fruto del estado de receptividad más puro, hay que aprender a vaciar la mente.
Carmen León
Nota: las ideas expresadas en este artículo están inspiradas en las enseñanzas de S. Niranjanananda Saraswati.
Te recomendamos: visitar el sitio www.artyoga.de, un ejemplo de cómo es posible unir yoga y arte.
Paula invita a yoguis y a yoguinis a iniciar un diálogo sobre yoga, creatividad y arte. Si deseas compartir tus ideas y experiencia sobre este tema, o cualquier otro, envía tus comentarios a: info@shivambuyoga.com
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