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Pan y toros a la cantonesa
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Pan y toros a la cantonesa por Carlos Benavides
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Tuve la suerte de poder frecuentar durante un tiempo un centro de budismo tibetano en Londres. El edificio, cedido por el Ayuntamiento, había sido un antiguo juzgado de bella arquitectura victoriana, con una amplia sala de justicia convertida en templo y salón de actos y las antiguas celdas en habitaciones donde los residentes viven. Este lugar llamado Jamyang es dirigido por Geshe Tashi Tsering, maestro residente que pertenece a la línea del Dalai Lama.
No puedo ni pretendo extenderme en cuales son las características principales que configuran al Budismo Tibetano, pero lo que siempre sentí durante las charlas y actos que allí se desarrollaban era el objetivo y la búsqueda de estos monjes y lo que su filosofía procura. Su piedra angular es la compasión por todos los seres humanos y por todos los seres vivos, ya sean animales o plantas que habitan la tierra, cosa muy loable en estos tiempos que corren de continuo abuso ecológico e insensibilidad con nuestro pequeño planeta.También es el incansable esfuerzo por la búsqueda de conocimiento y entendimiento de la mente humana, tarea en la que nos llevan muchísimos años de interés por delante a nosotros, orgullosos occidentales.
Tampoco nos dejaba indiferentes a los muy variados asistentes, la genuina y humilde sonrisa con la que estos monjes tibetanos afrontan el día a día de cualquier actividad; convertida ya, en un ejercicio de visualización y relajación llamado “la sonrisa budista”, imagen asociada a la archiconocida imagen de Buda. Uno percibe que es algo que desde la infancia se ha cultivado y que con los años se ha comprendido. Es fácil advertir esto en cualquier actividad humana que se domina de verdad y en palabras mundanas solemos formularlo como: lo ha mamado desde pequeño. Y sí, ellos lo han mamado en su tradición espiritual de más de 800 años, lo han mamado en su cultura y en su educación, que tiene como objetivo principal la búsqueda y la práctica en algo tan difícil de realizar como es la compasión, el respeto y el amor incondicional por cualquier ser vivo. Y con esta característica se podría resumir, a grandes rasgos, la idiosincrasia del país y su modo de afrontar la vida. El dominio de la mente por conseguir la más perfecta y completa compasión por todo ser viviente.
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Geshe Tashi Tsering
Director del Centro Budista Jamyang en Londres. |
En estos momentos que se prepara una celebración mundial de un origen tan antiguo como las Olimpiadas y que como propósito
inicial tiene dirimir en competiciones y juegos la tan destructiva agresividad humana, no deberían pasarnos por alto las reglas sobre las que se construyen sus campos olímpicos.
Mientras que millones de personas se entretendrán viendo la lucha por ganar de los atletas, buscando batir la mejor marca que un ser humano puede realizar en una prueba deportiva, otra gran prueba, la de la razón y la justicia humana, estará no ya sentada en el banquillo, sino raptada, amordazada y probablemente en espera del paredón. Estamos, no ya hablando de una injusticia económica, social o de violentos cambios hacia la modernidad no, estamos hablando, y esto todos lo sabemos, de un genocidio, del aniquilamiento de una cultura profundamente pacifista en este recién nacido siglo XXI.
La antigua civilización china que tanta sabiduría antigua nos está dando y de la que beben actuales líneas de pensamiento y terapias (El Tao, artes marciales, el Tai Chi, el Chi Kung, la acupuntura, técnicas de masaje y mucho más), parece que quiere rememorar lo que vergonzosamente ya se hizo en el pasado contra otras civilizaciones; léase las precolombinas de la actual América del Norte y el Sur o las terribles sangrientas y recientes invasiones ocurridas en África y cercano oriente u otros muchos lugares a lo largo de ésta feroz historia humana. No, no; no se puede hacer tanto la vista gorda a la agresión brutal de una nación sobre otra y relegarlo a simples columnas informativas. La cultura tibetana es un patrimonio cultural de la humanidad que ha sido guardado celosamente durante siglos hasta la actualidad. Tibet es una nación sin ejército, donde no han sucedido guerras durantes cientos de años, algo singular para la historia de cualquier estado. Podemos criticar o extrañarnos de su forma de gobierno, un jefe de estado con rango espiritual pero, basta ver a su representante, el Dalai Lama, para fácilmente imaginar la benevolencia de sus actos.
Es también comprensible que los gobiernos no puedan o se atrevan a hacer frente a este gigante económico que ha extendido sus brazos hasta los lugares más insospechados de nuestra economía y diario vivir. Pero nosotros, los ciudadanos, aquellos que vamos a llenar las gradas y que damos sentido y emoción al espectáculo, somos los que debemos preguntar e incluso exigir a los mandatarios y organizadores de tan singular espectáculo una conducta y responsabilidad, y no deberíamos ser tan vasallos de conformarnos con el antiguo eslogan imperial de “Pan y Toros para el pueblo”, es decir tengan algo de diversión y cállense la boca. Este holocausto sembrado de horribles crímenes, deportaciones, presos y opresiones busca aniquilar la idiosincrasia de un pueblo y recuerda a otro ocurrido no hace tanto, y cuya presentación triunfante también fue celebrado y anunciado en otras Olimpiadas.
Como ciudadanos y consumidores debemos y podemos exigir un mínimo de justicia y calidad a los productos con que nos inunda esta nueva potencia que pretende ser mundialmente reconocida y elogiada. De justicia creo que este asunto merece un seguimiento más profundo y continuado por parte nuestra, ahora que China quiere ocupar un puesto de privilegio en el concierto de las naciones adelantadas. No nos encontremos con el tiempo que el pan somos los cristianos y los toros leones de un repetido, trasnochado y rancio circo romano. El apoyo al Tibet es un asunto que como ciudadanos del mundo en que nos estamos convirtiendo debemos tomar con cercanía e interés. Si perdemos SU FILOSOFIA, la humanidad también perderá muchos siglos de intensa y pacifica búsqueda espiritual. Hacer llegar nuestra disconformidad con la política China es tan fácil como visitar la pagina web de abajo y rellenar con tus datos una queja formal.
Piénsalo y no dudes, es muy fácil. VISITA:
www.sostibet.com
www.casadeltibetbcn.org (Casa del Tibet de Barcelona)
www.savetibet.org (International Campaign for Tibet Home)
CARLOS F. BENAVIDES |