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1. La postura del mes:Ardha Chandrasana – postura de la Media Luna (ver)

2. El Diario Espiritual (ver)

3. Reflexión: ¿Hacia donde debería llevarnos la práctica del yoga? (ver)


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1. La postura del mes: Ardha Chandrasana – postura de la Media Luna

Ardha Chandrasana, la postura de la Media Luna, tonifica la región de la columna lumbar y del sacro, junto con los nervios que conectan a los músculos de las piernas. Ayuda a desarrollar la flexibilidad en las articulaciones vertebrales  y a facilitar su movimiento de rotación, manteniendo la columna flexible y correctamente alineada. Fortalece rodillas y tobillos, favoreciendo la circulación en los pies. Esta asana alivia las molestias gástricas, aumenta la concentración y mejora la coordinación y los reflejos motores.   

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Beneficios:

Ardha Chandrasana alivia:

  • Los dolores de espalda.
  • Dismenorrea.
  • Hombros desalineados.
  • Ciática.
  • Gastritis y acidez de estómago.
  • Prolapso del útero.

Contraindicaciones:

No practiques Ardha Chandrasana en caso de:

  • padecer dolores de cabeza debido al estrés o migrañas.
  • tener la vista cansada.
  • tener venas varicosas.
  • sufrir de diarrea.
  • sufrir de insomnio.
  • padecer el síndrome de la fatiga crónica.

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2. El Diario Espiritual

Swami Sivananda enseñó una práctica sencilla y básica para desarrollar la consciencia: el diario espiritual. Animaba a todo el mundo a llevar un diario espiritual al considerarlo una herramienta útil para el desarrollo personal y un método para lograr armonizar los distintos aspectos de la persona.

Un diario espiritual no es un diario ordinario donde registrar diariamente los sucesos que nos ocurren, nuestros sentimientos o nuestros sueños. Se trata de un cuestionario que elaboramos de forma personal y en el que nos planteamos una serie de preguntas y nos fijamos objetivos concretos, con el fin de lograr una compresión más profunda de nuestros esquemas de comportamiento y de valorar nuestro progreso personal objetivamente.

A través del diario espiritual es posible remodelar nuestra personalidad y erradicar hábitos no deseables. Cualquiera que sea la sadhana (práctica personal) que adoptemos, es importante incorporar en ésta el diario espiritual.

No hay que subestimar la práctica del diario espiritual, ya que aunque simple resulta una práctica muy poderosa. El registro cuidadoso de este diario creará en nosotros el hábito de parar y reflexionar sobre los actos y pensamientos del día, algo a lo que rara vez dedicamos tiempo en el mundo acelerado en el que vivimos. Es además una manera de registrar los cambios sutiles que experimentamos en nuestra trayectoria espiritual y una forma de ejercer el jnana yoga (el yoga del conocimiento) a través del autoestudio.

A continuación nombramos algunos de los beneficios de la práctica del diario espiritual:

Ø      Plasma nuestro desarrollo personal de forma objetiva.

 

Ø      Nos estimula en nuestra práctica espiritual (sadhana).

 

Ø      Aumenta nuestra consciencia y nos permite tratar los aspectos de nuestra personalidad en los que deseemos trabajar de una manera sistemática y eficiente, y al mismo tiempo compasiva.

 

Ø      Es una forma de conocer el funcionamiento de la mente, nuestras tendencias y hábitos. Nos permite desarrollar una percepción más clara. Lo que descubrimos sobre nosotros mismos no debe desanimarnos, sino que debemos interpretarlo como una señal de progreso.

 

Ø      Nos ayuda a desarrollar la práctica de la sinceridad, aprendemos a observar nuestros patrones de acción y reacción y a enfrentarnos con honestidad a los errores que cometemos durante el día.

 

Ø      El  diario espiritual pone de manifiesto la irregularidad de nuestros esquemas de vida, reconocemos patrones de comportamiento que desconocíamos, nos damos cuenta de que las cosas que creemos que hacemos en realidad no las hacemos, o viceversa.

 

Ø      Es un agente disuasorio de acciones y pensamientos negativos y sirve como estímulo y recordatorio para seguir el camino correcto.

 

Ø      Nos recuerda que el tiempo pasa. Nos ayuda a ser constantes en nuestra práctica y a ajustarnos a las nuevas situaciones.

 

  ¿Cómo elaborar un diario espiritual?

Primeramente, es importante ser realista e incluir sólo aquellas cuestiones que podemos abarcar cómodamente.

Por tanto, es mejor plantear pocas preguntas, fijar metas concretas y objetivos reales. Con el tiempo, y de acuerdo a nuestro progreso, podemos añadir nuevas preguntas o hacer modificaciones.

También es posible escoger una cualidad positiva que deseemos potenciar y trabajarla, por ejemplo, durante un mes. O hacer lo mismo con nuestro sankalpa (resolución positiva).

Puedes incluir preguntas que te ayuden a trabajar con algún hábito que desees cambiar o eliminar. Por ejemplo, si pasas horas en el Internet, o frente al televisor, puedes proponerte reducir el tiempo empleado en estos hábitos. O si deseas controlar un hábito alimenticio también puedes incluir este aspecto en tu diario espiritual: por ejemplo, reducir el consumo de dulces, o de alcohol en la dieta.    

Es necesario ser absolutamente sincero y franco a la hora de escribir en nuestro diario espiritual. La regularidad es clave para el progreso: escribe tu diario al final de cada día, justo antes de irte a la cama. No lo dejes ni un solo día. Haz un hábito de ello. No te tomará más de diez minutos de tu tiempo, y te será una ayuda inmensa para conocerte y desarrollar una consciencia más aguda.  

Aquí te ofrecemos un  ejemplo estándar de un diario espiritual que te puede servir de guía para elaborar el tuyo propio o para empezar la práctica con este mismo modelo.

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3. Reflexión: ¿Hacia donde debería llevarnos la práctica del yoga? Por Paula Vives*

            Cualquier practicante de yoga puede afirmar que ésta es una experiencia que sienta bien, que hace bien: ayuda a estar mejor, física, mental, emocionalmente; ofrece una puerta abierta a mirar más allá y favorece el ampliar las posibilidades de estar, de hacer, de ser.

Todo esto suena realmente bien, pero me pregunto… que conlleva todo ello?

  Como profesora de yoga a veces me cuestiono hacia dónde y hacia qué estoy ofreciendo a mis alumn@s la posibilidad de ir, y más en profundo, hacia qué posibilidad de transformación. Cuestiono sobre todas las sutilezas que tiene el “sentirse” bien y me propongo observar las diferentes caras de esta sensación:

¿Se trata únicamente y de forma aislada de la experiencia personal de estar bien? ¿Cuál es, de un modo más detallado, la/s parte/s de mí que se encuentra/n así? ¿A dónde nos lleva esto? ¿Qué tiene que ver el sentir con el hacer? ¿Sentirse bien con hacer bien? ¿Y sentirse bien con hacer mal? ¿Cuál es, o debiera ser, el realizar posterior que ofrece la vivencia positiva del yoga?

Indudablemente existe diferencia entre el sentir(se) bien y el hacer el bien. Y vivenciar el bien (en este caso por medio del yoga), no nos hace automáticamente lo que podríamos definir como “buenas personas”.

  La regularidad de unas clases de agradables estiramientos, prácticas respiratorias, observaciones desde una mirada más amplia junto con una profunda relajación, indiscutiblemente puede generar en la persona una actualización de su potencial, un renovar de su energía, la limpieza y fortalecimiento de su cuerpo y la adquisición de mejoras en concentración, atención y creatividad. Pero,  ¿son estos elementos y estas consecuencias positivas realmente un yoga bien entendido?

  Considero que hay un tema que en demasiadas ocasiones se nos pasa por alto y que creo que tod@s l@s practicantes de yoga, y en especial l@s profesores, debemos cuestionarnos en más de una ocasión. Sería algo así como preguntarnos: ¿Dónde dirigir estos beneficios que me ofrece la vivencia del yoga? ¿Qué responsabilidad conlleva el sentirme bien por medio del yoga?

  Puede que algo falle si al salir de nuestra práctica empleamos este potencial en alza para pisotear a aquel/la que no me cae bien, para desarrollar actitudes de prepotencia hacia l@s más cercan@s o para hacer oídos sordos a los problemas de mis compañer@s de trabajo pues están invadiendo esa sensación mágica que me ha despertado la clase de esta mañana.

Un dato interesante es que algunos de los grandes dictadores y tiranos de la historia practicaban técnicas de meditación; y es bien conocido cómo el yoga se está vendiendo en competitivas empresas multinacionales únicamente como elemento para mejorar la eficacia, rendimiento y productividad de sus trabajadores.

¿Qué nos sugiere esto?

  Quizá habría que dejar de pensar que un sentirse bien va a crear buenas personas de manera automática y retomar un activismo y compromiso constante hacia unos valores, actitudes, pensamientos y hechos más  acordes con favorecer una armonía que se amplíe al resto de los seres vivos y al resto de los contextos sociales y naturales.

Todo ello está igualmente propuesto desde el yoga en los llamados yamas y niyamas: una sistematización de valores éticos y actitudes que nos permiten armonizar interna y externamente (no violencia, honestidad, sencillez…) pero que lamentablemente son rara vez ofrecidos y dados a conocer en las clases.

  No es mi intención caer en un discurso simplista sobre el ser buen@s y hacer el bien, pero creo que con el yoga nos situamos en un juego que realza nuestro potencial: un potencial neutro con el que deberíamos aprender a relacionarnos y a utilizar de forma adecuada.

  Solo estirar, fortalecer musculatura, eliminar tensiones, reaprender a respirar y estar más seren@, deja, a mi entender, bastante coja la vivencia del yoga y es más, puede volverla peligrosa y contraproducente para una armonía que nos incluya a tod@s.

Si lo que se nos presenta de bien es todo un regalo, ¿no deberíamos utilizarlo para seguir realizando esto mismo que se nos da? Si yo me siento bien, ¿no sería lo más lícito compartir esta sensación con aquell@s que me rodean? ¿Cuántas veces recogemos como fundamento de la práctica del yoga el código de yamas y niyamas? ¿Cómo ponemos en evidencia estos valores universales en nuestro día a día? ¿Qué compromiso deberíamos adquirir los profesores de yoga en la búsqueda de algo más que ayudar a hacer sentirse bien a nuestr@s alumn@s? ¿Qué responsabilidad tenemos tod@s l@s practicantes de esta enseñanza de desarrollo personal a la hora de crear un mundo mejor?  

  Puede que sea interesante, quizás al menos a modo de experiencia, el mantener algunas de estas cuestiones la próxima vez que practiquemos yoga…

 

OM SHANTI.

OM PAZ

 

  * Paula Vives es profesora titulada de Yoga y actualmente imparte clases en Barcelona. Su enseñanza parte de sus propias investigaciones y planteamientos que comparte con sus estudiantes incorporando la reflexión durante la práctica e invitandonos a experimentar la creatividad, a partir de la utilización de técnicas de movimiento, expresión corporal, teatro y poesía.

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