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1.Mi experiencia en el Camino de Santiago (Por Beatriz Faciola Oñate)


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Saint Jean Pied du Port. Esta pequeña localidad del sur de Francia, lindando con la frontera española, es uno de los puntos donde muchos peregrinos comienzan el Camino de Santiago, el de las flechas amarillas, aunque para mí empezó en la estación de Chamartín, en Madrid, porque de ahí en adelante viajé sola.
Tres trenes y once horas de viaje para pensar el por qué de esta locura para algunos, experiencia para mí. Once horas de tren para pensar en los kilómetros, en los días, en los pasos, en las historias que me esperan, aún sin saber si quiera cuánto durará esta aventura, si me estaré adentrando en un sendero que no seré capaz de caminar. Porque decirlo queda muy bien: «Me voy a hacer el Camino de Santiago, yo sola, desde Francia». Y otra cosa es verse ya sentada en el tren, con la mochila, con muchas horas de viaje por delante, hacer dos transbordos en estaciones francesas, yo que sólo sé decir en francés «bonjuor» y «au revoir», llegar a un pueblo en mitad de Pirineos Franceses y buscar un sitio dónde dormir. Eso es otra cosa. Pero lo hice. Cómo muchas otras cosas en la vida que uno no se cree capaz de hacer hasta que las hace. Y es que el Camino de Santiago es como cualquier camino, como el camino de la Vida.

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He recorrido 775 kilómetros en 29 días y en estos días y en estos kilómetros he vivido mucho, desde detalles que sólo a uno mismo le parecen importantes, como enseñar a comer pipas a una italiana, a cosas grandes como cenar con cuarenta  desconocidos de unas diez nacionalidades distintas y sentirme como en casa. Los peregrinos se convirtieron en mi familia y en mis amigos, mi mochila en mi habitación y en todas mis posesiones y los albergues en mi propia casa. Podría empezar a contaros las infinitas anécdotas, detalles, historias que me han ocurrido durante el Camino, pero podría también no parar nunca, así que me las reservo para quien le apetezca escucharlas y charlar sobre ello. En cambio, voy a contaros lo que ha significado el Camino para mí y os animo a que vivenciéis esta experiencia para que cada uno le dé su propio significado, porque aunque transitemos por el mismo camino, nunca serán los mismos pies los que caminan por él. Yo, sin duda, volveré a hacerlo.

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El Camino, como he dicho antes, es como la Vida. Hay días en los que te crees capaz de llegar hasta la Luna y otros en los que ves un charco y piensas que te vas a ahogar en él. Hay dolores físicos (de hecho casi todos los días había algo que dolía, rodilla, cadera, espalda, tendinitis, una ampolla nueva…), hay cansancio, hambre y sed. También hay dolores psíquicos, sentimientos de soledad y a veces tristeza y añoranza. Y, por supuesto, hay momentos increíbles de felicidad, momentos de paz y de tranquilidad. Hay ilusión, entusiasmo, alegrías y sorpresas. Amaneceres y atardeceres increíbles. Hay personas que conoces y se quedan unos días, o bien es sólo una conversación de desayuno. Con otros te reencuentras pasada una semana y a otros no los vuelves a ver. En definitiva, gente que va y gente que viene, como la Vida.
Existen días duros de mucha pendiente, cuesta arriba y cuesta abajo, y te das cuenta que los pasitos cortos pero firmes son los más seguros y los que cansan menos. Otros días el camino parece no acabar y no ves el final y te desesperas, pero sí, acaba y cuando acaba, descansas y te das cuentas que eres más fuerte de lo que pensabas.

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En fin, es el Camino un compendio de momentos, sensaciones y sentimientos al que no se puede poner nombre, simplemente es el Camino. No puedo resumir en una frase qué ha sido este viaje para mí. Han sido sensaciones, sentimientos, pensamientos, emociones, sueños. Canciones, pasos, conversaciones. Relajación. Cansancio. Obsesiones, dependencias. Independencia. Personas, compañía, gente que va y gente que viene, reencuentros. Fotos, sonidos, paisajes. Frío, calor. Hambre, sed, saciedad. Necesidades, caprichos. Dejarse llevar, seguir las flechas. Sentir, sentir, sentir. Sentirse. Escuchar, observar, contemplar, oler, tocar, pisar, reír, abrazar. Sentirse bien, sentirse mal. Probar, intentar. Soledad. Recuerdos lejanos, recuerdos cercanos. Ilusiones, fantasías y realidades. Vivir aquí y ahora.
Y como todo tiene su final, yo llegué a Santiago. Abracé a los que iban conmigo en ese momento, miré la catedral, dejé la mochila en el suelo, volví a mirar la catedral. «He llegado, lo he conseguido». Pero, ¿qué significó llegar? Por muy extraño que parezca, realmente para mí llegar no significó nada. Sólo llegar no significó nada. El destino es el Camino, no Santiago. Llegar es parte del todo, del Camino, del día a día. He aprendido de cada paso, de cada día, de cada persona que he conocido, de todas las experiencias que he vivido, ése era el destino del Camino, no Santiago. ¿Hacia dónde he caminado entonces? Hacia mí misma, hacia mi interior, mi corazón, mi espíritu, mi mente y mi cuerpo. No concluye el viaje pues, queda mucho por recorrer.

Os dejo un poema escrito por el griego Konstantino Kavafis que se titula Ítaca. Lo tuve muy presente durante todo el viaje. Espero que os guste.

(Beatriz Faciola Oñate)

Ítaca

Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
ruega que el viaje sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
A los Lestrigones, a los Cíclopes
o al fiero Poseidón nunca temas.
No encontrarás trabas en el camino
si se mantiene elevado tu pensamiento
y es exquisita la emoción que toca
el espíritu y el cuerpo.
Ni a los Lestrigones, ni a los Cíclopes,
ni al feroz Poseidón has de encontrar,
si no los llevas dentro de tu corazón,
si no los pone ante ti tu corazón (…).
Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:
llegar allí, he aquí tu destino.
Mas no hagas con prisas tu camino;
mejor será que dure muchos años,
y que llegues ya viejo a la pequeña isla
rico de cuanto habrás ganado en el camino.
No has de esperar que Ítaca te enriquezca:
Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin ella no habrías aprendido el camino,
no tiene otra cosa que darte ya.
Y si la encuentras pobre,
Ítaca no te ha engañado.
Sabio como te has vuelto con tantas
experiencias, habrás comprendido
lo que significan las Ítacas.

(Konstantino Kavafis, 1863-1933)

 

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